¿Por qué las mujeres asesinas pasan desapercibidas?


Criminología y psicología criminal aplicadas a un caso real



Un Asesino Entre Nosotros

Durante décadas nos enseñaron a buscar al peligro en un rostro específico.
A desconfiar de la agresividad visible, de la violencia explícita, del hombre que grita, amenaza o intimida.

Pero la criminología nos enfrenta a una verdad incómoda:
el mal no siempre se presenta como esperamos.

En muchos casos, no parece peligroso.
Cuida, escucha, acompaña.
A veces, incluso protege.

El error de origen: confundir género con inocuidad



Uno de los mayores errores sociales —y también institucionales— ha sido asumir que la violencia extrema es un fenómeno predominantemente masculino.
Esa creencia no solo es falsa, es peligrosa.

Desde la psicología criminal sabemos que el género no determina la capacidad de matar, pero sí puede influir en la forma en que el crimen se ejecuta y se oculta.

Las mujeres asesinas suelen operar bajo una ventaja silenciosa:
la invisibilidad social.

Son percibidas como:

  • menos agresivas
  • más empáticas
  • naturalmente cuidadoras


Ese estereotipo funciona como blindaje psicológico frente a la sospecha.

La normalización del mal femenino



A diferencia de muchos asesinos hombres, cuyo comportamiento previo suele levantar alertas, las mujeres criminales tienden a integrarse con mayor facilidad en entornos familiares, laborales o comunitarios.

No porque sean menos violentas,
sino porque la violencia que ejercen no siempre es evidente.

La criminología ha documentado patrones claros:

  • uso de métodos menos visibles
  • contextos domésticos o de cuidado
  • vínculos previos con la víctima


El resultado es un tipo de mal que no irrumpe, sino que se instala.

Este fenómeno encaja con lo que denomino mal funcional:
una forma de criminalidad que opera dentro de la normalidad aparente, sin romperla de inmediato.

Psicología criminal: cuando el cuidado se convierte en control



Muchos casos de mujeres asesinas comparten un elemento inquietante:
la violencia se ejerce desde una posición de confianza.

Madres, parejas, cuidadoras, acompañantes.
Roles que socialmente asociamos con protección, no con peligro.

Desde la psicología criminal, esto genera una distorsión clave:

  • la víctima baja la guardia
  • el entorno no sospecha
  • las señales se reinterpretan como estrés, cansancio o sacrificio


El crimen no solo ocurre.
Se normaliza antes de ser detectado.

El verdadero problema: no saber dónde mirar



El mayor riesgo no es que existan mujeres asesinas.
El verdadero riesgo es no saber identificarlas porque seguimos buscando el mal en el lugar equivocado.

Cuando asociamos violencia únicamente con brutalidad visible, ignoramos:

  • la manipulación
  • el control silencioso
  • la agresión sostenida sin escándalo


Y eso explica por qué tantos casos tardan años en salir a la luz.

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Este análisis forma parte del episodio
“MUJERES ASESINAS”
del podcast Un Asesino Entre Nosotros.

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El dilema final



¿El verdadero peligro está en quien parece monstruo…
o en quien jamás levantaría sospecha?

Francisco Javier Rivero Sánchez
Criminología · Psicología criminal · True crime
Un Asesino Entre Nosotros



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